Dinero: un valor más allá del económico

Se puede debatir sobre si la sociedad actual es consumista, o sobre si el dinero es el centro de todo hoy día. Lo que sí es incuestionable es que el dinero está presente en nuestra vida de una forma tan natural, que a veces lo gastamos “sin darnos cuenta”. 

Compras, viajes, comidas, incluso medicamentos, todo lo obtenemos a cambio de un precio. Pero, aunque cueste creerlo, el mundo no siempre ha funcionado de la misma manera.

 

En los orígenes de la civilización, en la misma comunidad, todo era de todos. Sin embargo, el desarrollo y el mayor conocimiento de la agricultura y la ganadería llevó a conseguir un excedente de alimentos que permitía a los trabajadores descansar y tener más tiempo libre. Tiempo que empezaron a dedicar a otros oficios, dando pie al intercambio de productos.


La única forma de comercio que se conocía y utilizaba era el trueque: el canje de aquellos productos que sobraban por los que se tenía poca o ninguna cantidad. El problema de este trato es que no todos los productos intercambiados eran equivalentes en valor. Surge, entonces, la necesidad de crear un objeto que se equiparara en valor con aquel elemento que se quisiera obtener: podemos decir que así surgió el dinero.


Aunque asociemos la palabra “dinero” con metales y papeles, en sus inicios no era equivalente a ninguno de estos. Cereales, sal (origen de la palabra “salario”), conchas o granos de cacao, entre otros, eran los responsables de llevar consigo ese valor que las cosas merecían. Sin embargo, algunos de estos elementos (conocidos como premoneda) se deterioraban con el paso del tiempo, perdiendo así su valor inicial. Por ese motivo, se acaba determinando que el metal es el elemento ideal para representar al dinero.

 


Conchas caoríes

El hallazgo de metales como el cobre o el hierro, la creación de nuevas rutas comerciales y los conflictos bélicos (entre otras causas), hicieron que el uso del metal como moneda de cambio se generalizara. Aunque Grecia (dracma) y Roma (as o denario), como casi siempre, fueron las pioneras en este sistema de pago, les siguen los estados islámicos y los reinos cristianos. Cada civilización tenía monedas diferentes, todas con algo en común: un lado de la moneda se sellaba con diferentes motivos, acontecimientos o personajes alabados; mientras que en la cara sobrante se marcaba el valor de cada moneda (que previamente había sido pesada y valorada) para hacer más rápido y fácil su intercambio.

Ya en el siglo XVIII encontramos la otra forma de dinero que nos resulta más familiar: el papel moneda, conocido como “cédulas”. El encargado de emitir estos primeros billetes fue el Banco de San Carlos, fundado por Carlos III durante su reinado. Un siglo más tarde se extiende por España el sistema de la peseta, que perduró hasta 2002, año en el que dejó definitivamente su lugar al euro.

 

A lo largo de su historia, el dinero ha pasado por diferentes formas, colores y materiales. Pero lo que nunca cambiará es el poder de conexión (positiva o negativa según la ocasión) que tiene dentro de la actual sociedad globalizada.

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