España: líder en la producción ecológica europea
España ocupa el segundo puesto en Europa como país con más casos de obesidad y sobrepeso, sólo por detrás de Reino Unido. Lejos de la cuestión estética, los problemas de salud derivados de estas condiciones físicas afectan ya a más de la mitad de la población española (53,6%). Y se debe a que los hábitos alimentarios de los españoles se están alejando de la dieta mediterránea. En cambio, ha aumentado considerablemente el consumo de grasas (carne, huevos, lácteos) y, de manera más preocupante, el consumo de las denominadas grasas “trans” presentes en las patatas fritas o en la bollería industrial.
Además, esta forma de
alimentación es la culpable del vertido de sustancias contaminantes tanto en el
suelo, como en el aire, en los recursos de agua y en los propios alimentos que
después ingerimos. El uso de productos fitosanitarios está muy generalizado en
la producción, manipulación y conservación de alimentos que después pueden
contener residuos; residuos que llegan a los consumidores y que están
relacionados con patologías cancerígenas, alteraciones en la reproducción o en
el sistema inmunitario, etc.
Dicho sistema de
producción no afecta sólo a la salud humana, sino también a la de los
ecosistemas y a la provisión de los recursos naturales, resultando ser poco
sostenible. La mayoría de los mecanismos utilizados o la necesidad de largos
transportes (entre otros) han provocado un incremento del gasto energético que
repercute en el encarecimiento de los productos y también en el cambio
climático.
Como consecuencia, han
aparecido nuevos consumidores comprometidos con su salud, pero también con el
medioambiente, que han apostado por integrar en su dieta alimentos provenientes
de la producción ecológica.
El reglamento 834/2007
define la producción ecológica como aquella que no utiliza en la producción y
transformación de alimentos productos químicos. Es por eso por lo que los
alimentos ecológicos están libres de sustancias que pueden ser perjudiciales
para la salud. Además, la agricultura ecológica está asociada a tipos de dietas
más equilibradas, con una mayor presencia de hidratos de carbono y menor de
grasas, más frutas y verduras, y menos carnes y lácteos. Consumir productos
ecológicos es asimismo un acto responsable con el medioambiente, ya que en su
cadena de producción no se utilizan fertilizantes o biocombustibles y sí
energía solar fotovoltaica.
El desarrollo que ha
experimentado la agricultura ecológica en nuestro país se debe, en gran medida,
a la crisis de un sector agrario en el que los agricultores no pueden competir
con la producción intensiva de las grandes empresas. Sin embargo, en la
agricultura ecológica encuentran oportunidades de mercado y subvenciones que
les han permitido no abandonar su actividad. Así, España se posiciona líder en
el ranking de superficie dedicada a la agricultura ecológica en Europa (y entre
las tres primeras del mundo) con 2.437.891
hectáreas.
Por otro lado, la agricultura ecológica ha producido un rejuvenecimiento
del sector agrario (que se encontraba desmotivado por la injusta relación entre
trabajo y retribución) y un aumento de la renta agraria. Pero también resulta
ser un atractivo para el turismo rural, generando empleos adicionales dentro de
este marco.
La producción ecológica es el centro de algunas estrategias basadas en
los canales cortos de comercialización, que ofrecen diversidad adaptada a los
gustos locales y favorece el consumo de temporada. Este contacto directo entre
productor y consumidor, la cercanía entre punto de venta y consumidor, suponen
un beneficio en términos de renta para el agricultor, en lo que respecta a
precio para el consumidor, y en lo relativo en salud para el cliente y el medioambiente.
El desarrollo territorial de la agricultura ecológica, los respetuosos
usos agrarios que promociona, su asociación con los mercados locales y el
consumo en fresco y de temporada, la hacen idónea para promover un sistema
agroalimentario más sostenible y convertirse en la base de la alimentación del
futuro.
Un modelo de consumo que lleva varios años en crecimiento es la compra
de productos a granel. Esta forma de comprar no es nada nueva de hecho, es la
forma en la que compraban los mayores hace tiempo en los mercados locales. Esta
tendencia se debe a que los hábitos de consumo de la población han cambiado:
“estas tiendas se dirigen a un público que se cuida más”, así lo narra Víctor
Lozano comerciante de Casa Terra (local que se dedica a la venta de productos
naturales a granel).
El producto que podemos encontrar aquí es “mayoritariamente legumbres,
frutos secos, fruta deshidratada, muchas especias variadas, cereales y
mermeladas naturales”, cuenta el comerciante. Normalmente, cuando se compran
productos secos (como lentejas) se pueden envasar en botes de cristal o en
bolsas de papel sin ningún tipo de problema. “Desde hace varios años, nosotros
utilizamos este tipo de bolsas que por dentro tienen un material cristalizado.
Esto permite que la bolsa no sea porosa como las de papel y podemos incluir
productos grasos como melón deshidratado”, cuenta Lozano.
Esta nueva tecnología, que puede empezar a verse en las grandes
superficies, permite reducir al máximo el empleo de plásticos para el envasado.
“Es importante encontrar alternativas, es difícil abandonar al cien por cien el
uso de plásticos. Lo esencial es reducir su uso, porque de nuestras vidas no va
a desaparecer”, concluye.
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